Cambio piso por casa. ¿Por qué en España vivimos hacinados en pisos?.

¿Estás pensando en cambiar tu piso por una casa con jardín? Bueno, es normal, después de la situación que hemos vivido recientemente, muchos estamos pensando en cómo cambiar nuestro piso por una casa con jardín.

Es en los momentos difíciles cuando apreciamos lo que realmente es importante, y tener una casa adecuada a ti y a tu familia no es un lujo. Es un derecho.

Ahora que se ha terminado el estado de alarma en nuestro país, podemos decirlo sin ahogarnos: los españoles lo hemos pasado especialmente mal durante el confinamiento.

Hemos estado encerrados en bloques de pisos pequeños con poca luz y, en algunos casos, mala ventilación. España es el país de la Unión Europa con el mayor porcentaje de población viviendo en un apartamento, un 66% frente al 40% de la media o el casi 20% de países como Reino Unido y Holanda.

Nuestros vecinos europeos han pasado la cuarentena en su casa con jardín, con espacio para respirar y vistas más allá de otro bloque de ladrillos.

Pero ¿por qué en España la mayoría de la población vive en pisos? Es más, solemos confundir Piso con vivienda.

Sabemos que no es lo mismo, pero lo hacemos de una manera inconsciente. Como si nos hubieran programado para ello. El lenguaje es engañoso y es el medio por el cual programamos nuestra mente.

Una vez hablando con un amigo, que además es uno de los mejores Sociólogos de España, me citó una frase que no he podido olvidar, “una mentira repetida mil veces termina por convertirse en verdad”. (Joseph Goebbels).

También los periodistas, que son expertos en comunicación, confunden piso y vivienda. Muchas veces, leemos noticias sobre el sector inmobiliario que intercambian términos como viviendas, casas, inmuebles o pisos como si fueran lo mismo.

Cuando en España se dice que los pisos, se han disparado… todo el mundo sabe que no habla sólo de las viviendas situadas en las comunidades de propietarios, sino en el conjunto del parque inmobiliario español.

Como ya hemos comentado anteriormente, en la mayoría de los países de Europa no es así.

En España somos la excepción. En nuestros vecinos de la UE, si alguien dice que los pisos se han disparado… es porque los pisos se han disparado: quizás esté hablando de la subida de precios en el centro de una gran ciudad o se refiera a una promoción concreta que acaba de ponerse a la venta. Pero no usará piso o apartamento como sinónimo de vivienda en general… porque no lo es. Como mucho, servirá para hablar de los inmuebles urbanos. Y ni siquiera, porque también es muy habitual que las ciudades europeas estén repletas de viviendas unifamiliares.

¿Pero por qué España es el país de la UE en el que más porcentaje de la población vive en un piso y en el que menos vive en una vivienda unifamiliar?

No hay una explicación sencilla, pero así es. Vamos a ayudar arrojando un poco de luz sobre este asunto que nos afecta a todos. Por eso vamos a investigar un poco en la historia reciente de nuestro país.

Cambio piso por casa. El origen de nuestro hacinamiento actual

Durante la posguerra, Madrid y otras capitales españolas eran incapaces de absorber toda la inmigración que provenía del éxodo rural. Así que se impuso el modelo físico de la vivienda de alta densidad. Así ganó la especulación del suelo.

Incluso si revisamos la filmografía española podemos encontrar películas como “El Pisito”, o la imagen del paleto que emigra a la ciudad donde es timado. El campesino convertido en obrero que acaba construyendo la vivienda que después comprará con un crédito o una ayuda estatal.

Para entender a estos personajes es necesario remontarse a los años cincuenta, después de la guerra y bajo la dictadura de Franco, cuando los españoles abandonaron en masa el campo para irse a vivir a la ciudad.

Por aquel entonces la aspiración de muchas familias era tener una casa en propiedad para desarrollarse, un valor que fomentaba el régimen franquista. En ocasiones las inauguraciones de los bloques de viviendas incluían ceremonias y la bendición de un cura.

Chabolas en los años 50 en Madrid con pisos recién construidos

 

El Plan de Estabilización Económica de 1959, junto con las concesiones laborales para evitar conflictos sociales hicieron crecer a las clases obreras más cualificadas, convirtiéndolas en clientes ideales del mercado de la vivienda, que se transformaría en un motor de la economía y un foco inflacionario.

La alta inflación empujó a los ciudadanos a invertir en inmuebles para garantizar la permanencia de sus ahorros o como un buen sitio donde refugiar los ahorros de toda su vida.

Nuestra economía era como el tren de los hermanos Marx devorándose a sí mismo para correr a gran velocidad. Al subir la demanda del suelo aumentaron sus precios hasta el tope de la capacidad adquisitiva empobreciendo la calidad constructiva.

Ningún gobierno desde la muerte de Franco ha sabido oponerse a este fenómeno de autofagia.

El modelo físico fue desde el principio el de la ciudad en altura: viviendas pequeñas con pocas dotaciones. Un prototipo que se extendió a los mismos pueblos que habíamos abandonado.

Posteriormente y hasta nuestros días mejoró el panorama con mayor calidad constructiva y de diseño, aunque con un gran afán especulativo.

Hoy en día siguen sin crearse fórmulas nuevas de territorio y el diseño de infraestructuras sigue con pereza a los proyectos de especulación, obligando a los inversores a luchar a muerte por los solares ya comunicados y calificados, empujando de nuevo sus precios al alza escatimando en metros y zonas verdes.

Cambio piso por casa. Prohibida la entrada a Madrid a quien no tenga un piso.

En el año 1750 Madrid albergaba a 160.000 habitantes.

En 1850 reunía a 280.000 personas.

Y en 1950 Madrid ya contaba con 1.618.000 habitantes. Fue un crecimiento exponencial y difícil de absorber.

Tras la Guerra Civil, la fuerte avalancha migratoria tuvo como consecuencia el hacinamiento de quienes llegaron buscando trabajo. Ante la dramática situación económica optaban por la construcción de cuevas, chozas y chabolas en núcleos suburbiales.

La revista Semana publicaba en un reportaje: “Ya somos dos millones de habitantes en este Madrid inefable. ¿Y ahora qué hacemos?… Constituimos una urbe que comienza a ser monstruo, por lo que no es de extrañar que sus problemas sean monstruosos…”.

El Gobierno optó por una medida drástica y en 1957 publicó un decreto negando la entrada a Madrid a cualquiera que no tuviera una vivienda. En las estaciones de ferrocarril la policía devolvía al lugar de origen a quien no tuviese domicilio.

En la ilustración se puede ver la noticia publicada en el diario ‘Pueblo’ con soluciones extremas para la repentina superpoblación de Madrid durante el éxodo rural. Abajo, un plano de las viviendas prefabricadas de De la Hoz y García de Paredes.

Cambio piso por casa. Una familia por habitación.

Ante la incapacidad del Estado para hacer frente a esta crisis y el desinterés de los inversores privados en construir en un suelo no rentable por la escasa capacidad adquisitiva de la emigración, el Instituto Nacional de la Vivienda (INV) obligó a las empresas con un mínimo de trabajadores a construir viviendas para sus empleados.

Era necesario que los chabolistas realizaran una contraprestación para la adquisición de su vivienda y, por ello, en ese mismo año aparecía la Ley de Vivienda de Renta Limitada, punto de partida de un Plan Nacional de Vivienda.

La unidad mínima habitacional española. Estudio de distribución del espacio de la vivienda económica en España de Giralt Casadesús (1949).

Por los datos publicados en Gran Madrid sabemos que, en 1948, cada vivienda de los suburbios alojaba por término medio a nueve personas o, si se prefiere, que dos familias (una en cada habitación) vivían hacinadas en una modestísima vivienda. Y como el propio INV afirmaba que solo era posible construir viviendas para quienes tuviesen ingresos mensuales superiores a 150 pesetas (cantidad inalcanzable en la época para muchos) la responsabilidad recaía en el Estado.

Tras conflictos de intereses con las inmobiliarias y problemas por el coste de la construcción, en 1952 se aprobó el llamado Plan Fanfani, que tomó como modelo a Italia. La Obra Sindical del Hogar formuló tres categorías de vivienda económica (reducida, mínima y de tipo social) y se propuso construir 10.000 hogares de tipo social al año. De aquella propuesta apenas se ejecutó la mitad y la mayoría de ellas correspondían a viviendas de categoría superior consideradas “de lujo”, que fueron financiadas con los fondos de las viviendas de tipo social.

Cambio Piso por Casa. No hay derecho a que se encajone a las familias.

En 1949 el Colegio de Arquitectos de Madrid convocó un concurso de propuestas para viviendas de renta reducida al que se presentaron, entre otros, Fisac y Miguel García Monsalve. Fisac partía de lo que llamaba una “familia tipo”, compuesta por los padres, dos hijos y dos hijas. Existía la voluntad de modificar el tipo de viviendas utilizado hasta el momento.

Se presentó como modelo el espacio interior de la arquitectura estadounidense, que en esos momentos se empezaba a difundir. Cuando el arquitecto F.J. Barba critica el pasado reciente señala: “[…] No tenemos derecho a seguir encajonando a nuestras familias. Ha llegado el momento […] de acabar con la manzana cerrada, el patio cerrado y las profundas casas entre medianeras. Ha llegado el momento de la verdadera arquitectura urbana”.

En 1954 se publicó la Ley de Viviendas de Renta Limitada, que establecía una clara diferencia entre las de protección oficial y las del mercado libre. La ley tenía como objetivo englobar todas las tipologías de viviendas (desde las destinadas a las clases acomodadas hasta las “ultrabaratas”) y limitaba los precios de venta y alquiler.

La norma planteaba también dos tipos de vivienda: la reducida, de entre 60 y 100 m2 y un coste de 1.000 pesetas/m2, y la mínima, con una superficie de entre 35 y 58 m2 y un precio aproximado de 800 pts./m2. Se obligaba a que las viviendas de tipo social no formaran bloques abiertos, prohibiendo los patios y se planteaba la necesidad de modificar las construcciones en dos plantas, abriendo la posibilidad a edificaciones en altura.

También se establecieron cuatro tipos de núcleos urbanos bien distintos, denominados “poblados dirigidos”, “de absorción”, “mínimos” y “agrícolas”. Los poblados se trazaron donde existía suelo barato. Ajenos a la imagen pintoresca de la arquitectura española, poco a poco estas nuevas viviendas económicas se apartaron de los modelos definidos por la OSH o el INV debido a su alto costo.

Cambio piso por casa. “Un país de propietarios, no de proletarios”

En 1957 se produjo un cambio en el Gobierno que afectó a la política de vivienda: se creó el Ministerio de la Vivienda y se nombró titular de la cartera al arquitecto José Luis Arrese. Arrese implantó una política de propietarios. “Hagamos un país de propietarios, no de proletarios” era la frase más repetida.

Frente a la política de vivienda económica entendida como cuestión de Estado, Arrese defendía que la casa fuese un asunto privado. Ahora cada promotor iba a poder actuar libremente allá donde dispusiera de suelo; frente a la discusión iniciada por Fisac sobre si convenían viviendas unifamiliares o viviendas en hilera de dos a cuatro alturas, Arrese proponía edificios de 11 o 13 plantas, retomando el debate sobre el edificio en altura”.

El ministro Arrese al volante de una excavadora en 1957.

A partir de 1960 la arquitectura olvidó el debate sobre la vivienda y abrió las puertas a una cultura donde primaba el monumento.

La búsqueda de la singularidad o de la originalidad (que había primado antes de la guerra, con elementos decorativos y regionalismos en el diseño arquitectónico) dejó de nuevo de lado el largo camino recorrido por quienes pusieron el foco en la funcionalidad de la vivienda.

La especulación inmobiliaria ha hecho el resto y se han construido viviendas incluso de peor calidad que las proyectadas en el franquismo.

Esto ha provocado que los españoles soñemos con cambiar nuestro piso por una casa.

Cambio piso por casa. Los pisitos también en el pueblo.

Las políticas de aquellos años hicieron mella en toda la geografía española. Los modelos aplicados para resolver la masificación en ciudades como Madrid se repitieron indiscriminadamente en los núcleos más pequeños sin atender a particularidades de ningún tipo y menos a condiciones locales que sencillamente no interesaban. Esto explica lo desproporcionado de la altura de los edificios en muchos pueblos y ciudades pequeñas.

Además, la vivienda de baja densidad, que había sido muy importante en la reconstrucción inmediata de la posguerra, sobre todo en los pueblos franquistas del Instituto Nacional de Colonización, fue un fracaso y seguramente que se quiso olvidar.

La vivienda en altura era una herramienta que se prestaba maravillosamente a la especulación y fue el maná para los promotores. No se debe olvidar que, desde entonces, España ha vivido muchos años del ladrillo.

Cambio piso por casa. En defensa de la altura con honestidad.

Pero en este artículo no pretendemos ni mucho menos demonizar a la vivienda en altura.

La ciudad en altura, en nuestra opinión, es la mejor solución al crecimiento de las grandes ciudades. Si no se desarrollan en altura, las ciudades con un gran crecimiento se pueden llegar a convertir en una ciudad tipo “Los Ángeles”.

Lo ideal es plantear las ciudades en altura, tal y como las planificaron en su día los arquitectos modernistas. Defendieron la ciudad en altura, planearon para ella un tipo de pisos que hiciera del piso una solución mejor que la casa aislada o en hilera. Se proyectaron soluciones de dimensiones razonables y eficientes, muchas en dos plantas con doble altura, siempre con amplias vistas sobre un entorno que se quería muy ajardinado, estupendamente orientadas para disfrutar del ciclo solar y sobre todo, con una amplia terraza que dotara a la vivienda de un espacio al aire libre y la protegiera del exceso de calor. Lo más parecido posible al concepto de villas en altura. El mejor ejemplo de todo esto son las soluciones de Le Corbusier”.

En los últimos años la vivienda de pisos ha terminado de degenerar en España como consecuencia del nivel de especulación inmobiliaria y una política dirigida a favorecerla, hasta el extremo de permitir que en algunas ciudades se consideren como viviendas los locales a pie de calle, algo que hubiera sido inconcebible incluso en los años más sórdidos de la ciudad industrial.

Tal vez, al convertir la vivienda en un negocio, nos ha transformado a cada propietario en un pequeño especulador.

En Family Home XXI consideramos, que los diferentes modelos de vivienda, pueden ser eficaces si se desarrollan con honestidad y transparencia. Cambiar mi piso por una casa, es totalmente lícito y comprensible. Para eso estamos aquí, para ayudarte a conseguir la casa que te mereces, con la última tecnología en domótica y eficiencia energética. No dudes más y llámanos al 609 436 389 o envíanos un mail a

eduardo@construirmicasa.com

raquel@construirmicasa.com

Da el paso y cambia tu piso por una casa.

 

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Fuentes:

El País

Sustainability

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